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MIEDO A SUBIR A UN TREN DESPUÉS DE UNA TRAGEDIA MEDIÁTICA (versión 2)

Urda: el segundo gran golpe a la alta velocidad en menos de un año

El miércoles 28 de octubre, hacia las 8:54 de la mañana, un AVE de Renfe que cubría el trayecto Madrid–Sevilla alcanzó por detrás a un tren de Iryo que estaba detenido en la misma vía, a la altura de Urda (Toledo). En los dos trenes viajaban más de 540 personas: 147 en el Iryo y 397 en el AVE, según la Junta de Castilla-La Mancha.

El choque hizo descarrilar los últimos vagones del Iryo y la cabeza del AVE cayó por un terraplén. El último balance ofrecido por el presidente castellanomanchego, Emiliano García-Page, eleva la cifra a 68 fallecidos, con un centenar de personas atendidas en hospitales de la región. Las cifras han ido cambiando a lo largo de las horas y podrían seguir haciéndolo.

La investigación está abierta. Según el ministro de Transportes, Óscar Puente, el sistema de seguridad LZB había fallado en ese tramo y el centro de control de Adif en Atocha autorizó reanudar la marcha cuando la normativa limitaba la velocidad a 40 km/h. Un juzgado de Orgaz ha precintado la zona y se ha hecho con las cajas negras. Las causas definitivas aún no están determinadas.

Las consecuencias se notan más allá de las vías. La alta velocidad Madrid–Andalucía está interrumpida, Renfe ha bloqueado la venta de billetes en ese corredor hasta diciembre y las aerolíneas han añadido vuelos. El Gobierno ha decretado luto oficial del 29 al 31 de octubre.

Todo esto llega apenas nueve meses después del accidente de Adamuz (Córdoba), en enero, que también dejó decenas de víctimas mortales. Y con ello vuelve una pregunta que muchas personas se hacen en voz baja: ¿es seguro volver a subirse a un tren?

Por qué una tragedia así nos hace dudar

Sentir miedo a subir a un tren estos días es una reacción normal, no una debilidad. El cerebro está diseñado para aprender del peligro, y una noticia de este calibre activa ese sistema de alarma aunque no hayamos estado allí.

Varios factores amplifican esa sensación:

  • La repetición. Dos accidentes graves en menos de un año rompen la idea de que «esto no pasa». El cerebro deja de verlo como algo excepcional.
  • Las imágenes. Los vídeos de vagones calcinados y los directos de horas mantienen el suceso presente. Cuanto más fácil es recordar algo, más probable nos parece que se repita.
  • La identificación. Un tren de las 8 de la mañana hacia Sevilla es un viaje que cualquiera ha hecho. «Podía haber sido yo» es un pensamiento muy potente.
  • La falta de control. En el tren no conducimos ni vemos la vía. Delegar la seguridad en otros hace que el miedo se sienta más intenso.
  • La incertidumbre y la polémica. Mientras las causas no se aclaren, el debate público sobre responsabilidades alimenta la sensación de que nadie tiene el control.

El estadístico británico David Spiegelhalter explica que tendemos a sobrestimar los riesgos llamativos y poco frecuentes, y a subestimar los cotidianos. La exposición mediática intensa distorsiona todavía más esa percepción.

Poner el riesgo en perspectiva

Los datos no borran el dolor de lo ocurrido, pero ayudan a dimensionar el miedo. El tren sigue siendo, junto con el avión, uno de los medios de transporte más seguros.

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Accidentes de tráfico1.806

En la Unión Europea, las muertes anuales en el ferrocarril han caído un 32 % desde 2010. Cada accidente grave se investiga a fondo y suele traducirse en cambios de sistemas y protocolos.

Hay además una lección histórica. Tras el 11-S, muchos estadounidenses dejaron de volar y viajaron en coche. El resultado fue un aumento de muertes en carretera en los meses siguientes. Cambiar el tren por el coche por miedo puede, paradójicamente, exponernos a un riesgo mayor.

Cómo hacer frente al miedo a subir a un tren

El objetivo no es eliminar el miedo de golpe, sino evitar que se convierta en una evitación que crezca con el tiempo. Estas pautas pueden ayudar:

  1. Reconoce lo que sientes sin juzgarte. Decirte «es normal que esté inquieto después de lo de Urda» rebaja la tensión. Pelear contra la emoción suele intensificarla.
  2. Da tiempo a tu cerebro. Necesita unos días para procesar lo ocurrido. Si el miedo es muy intenso y el viaje no es urgente, aplazarlo una o dos semanas es razonable.
  3. Dosifica la información. Infórmate una o dos veces al día en medios fiables y evita los vídeos del accidente y los directos en bucle. Ver imágenes una y otra vez alimenta la ansiedad sin darte datos nuevos.
  4. Separa el dato del pensamiento catastrofista. Cuando aparezca «me va a pasar a mí», pregúntate qué dicen los datos y cuántos trenes circulan cada día sin incidentes.
  5. Vuelve poco a poco. La exposición gradual es la herramienta más eficaz contra el miedo. Empieza por un trayecto corto de Cercanías o media distancia, acompañado si lo necesitas, y alarga los viajes de forma progresiva.
  6. Prepara el viaje para recuperar sensación de control. Consulta el estado de la línea, elige asiento con calma y lleva algo que te distraiga: música, un libro, un pódcast.
  7. Regula el cuerpo durante el trayecto. Si notas el corazón acelerado, prueba la respiración lenta: inhala en 4 segundos, exhala en 6, durante un par de minutos. Nombrar en silencio lo que ves a tu alrededor también te ancla al presente.
  8. Habla de ello. Compartir el miedo con alguien de confianza lo hace más manejable. Con niños, explica lo ocurrido con palabras sencillas y sin detalles gráficos, y transmíteles calma.

Si conocías a alguna de las personas que viajaban en esos trenes, o trabajas en el sector, el impacto puede ser mayor. Date permiso para necesitar más tiempo.

Cuándo pedir ayuda profesional

Lo habitual es que la inquietud vaya bajando en unas semanas. Conviene consultar con un psicólogo si:

  • El miedo dura más de un mes o va a más.
  • Evitas el tren aunque lo necesites para trabajar, estudiar o ver a tu familia.
  • Tienes ataques de pánico, pesadillas o pensamientos intrusivos sobre el accidente.
  • El miedo se extiende a otros transportes o a salir de casa.
  • Viajabas en alguno de los trenes, presenciaste el accidente o has perdido a alguien.

La terapia cognitivo-conductual, con exposición gradual, tiene muy buenos resultados en los miedos específicos y en las reacciones de estrés tras un suceso traumático. Para las familias afectadas por Urda se ha habilitado un teléfono de atención (900 10 10 20) y un punto de apoyo psicosocial en la estación de Atocha.

Volver a confiar lleva su tiempo

Lo ocurrido en Urda es una tragedia que merece respuestas y responsabilidades. Pero también merece que no dejemos que el miedo decida por nosotros. Escuchar la emoción, informarse con medida y volver a subir al tren paso a paso es la mejor manera de recuperar la tranquilidad.///////.

Fuentes


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Un Comentario

  • En estos días del fin el Señor nos avisa que tenemos inseguridad por diversas catástrofes naturales, o por diversos accidentes que se multiplican. A nuestro Señor los rogamos por Su misericordia ayudarnos que no pasamos por las tragedias tan crueles y por los que han pasado en el accidente recién ferroviario de Urda poner Su mano sanadora sobre los vivientes y a los familiares consolación.🙏🙏🙏

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